domingo, 29 de julio de 2012

Inotropismo

Pensó, como sobrevenida por una verdad vital, en el riesgo de pensar. Pensó y transformó el pensamiento en meta y se encontró, de pronto, con el conocimiento más absoluto sobre ella misma.

Pensó pues, en que pensar le suponía un problema. Pensar le hacía mal. Sus pupilas se dilataban, sus manos cobraban vida en un abrir y cerrar nervioso. Su respiración se agitaba, su pulso se disparaba. Gotas de sudor frío rociaban su espalda mientras el vello se erizaba. Llegó a la conclusión de que, si quería conservar su salud, debía dejar de pensar.

Cogió una vieja libreta de hojas amarillentas. Rebuscó entre dibujos y garabatos de una vida anterior, encontró historias inacabadas, amores fugaces y experiencias marchitas. Llegó al fin a la última página y escribió con su mejor letra una promesa. Promesa que jamás incumpliría.


No te olvides de pensar.

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